Hay un fenómeno en la física cuántica que Einstein rechazó durante décadas, que los experimentos han confirmado de manera inequívoca, y que todavía hoy genera debate sobre lo que implica para nuestra comprensión de la realidad. Se llama entrelazamiento cuántico. Y lo que dice sobre la naturaleza del universo, sobre la naturaleza de la realidad es mucho más interesante que cualquier otra cosa que la física haya descubierto.
Qué es el entrelazamiento
En mecánica cuántica, cuando dos partículas interactúan de cierta manera, pueden quedar en un estado que ya no puede describirse de manera independiente para cada una. No es que no sepamos cuál es el estado de cada partícula — es que el sistema formado por las dos partículas tiene un estado definido, pero ese estado no puede descomponerse en estados individuales de cada parte.
Se dice que las partículas están entrelazadas.
Un ejemplo concreto ayuda. Dos fotones pueden producirse de manera que sus polarizaciones queden entrelazadas. La polarización de un fotón puede ser vertical u horizontal. Si los dos fotones están entrelazados en polarización, el sistema conjunto tiene un estado definido — por ejemplo, «las polarizaciones son opuestas» — pero ninguno de los dos fotones individuales tiene una polarización definida antes de ser medido.
Cuando se mide el primero y resulta ser vertical, el segundo será horizontal en el mismo instante — independientemente de la distancia que los separe. No hay ninguna señal que viaje entre ellos. No hay ningún mecanismo clásico que explique la correlación. Las partículas simplemente no son independientes: forman un sistema cuyo estado es global, no local.
Cuando dos partículas interactúan de cierta manera — por haber sido generadas conjuntamente o por haber interactuado en el pasado — algo inusual ocurre con su descripción matemática. Su estado cuántico deja de poder describirse como dos estados independientes. Pasa a describirse mediante una única función de onda que abarca a las dos partículas a la vez.
Lo que esto significa en la práctica es lo siguiente. Si medimos una de las partículas y obtenemos un resultado determinado, la otra partícula mostrará instantáneamente un resultado correlacionado — independientemente de la distancia que las separe. No importa si están en el mismo laboratorio o en lados opuestos de la galaxia. La correlación es instantánea.
El entrelazamiento no es un fenómeno aislado
El entrelazamiento no es un fenómeno exótico que requiere condiciones especiales extremas. Se produce de manera natural en múltiples procesos físicos.
El método más común en laboratorio es la conversión paramétrica espontánea descendente. Un fotón de alta energía pasa por un cristal con propiedades ópticas especiales — como el borato de bario — y la interacción entre el fotón y la estructura del cristal lo divide en dos fotones de menor energía. La conservación de energía y momento angular en ese proceso garantiza que las propiedades de los dos fotones resultantes queden matemáticamente correlacionadas desde el momento de su creación. Es este mecanismo el que produce de manera rutinaria los pares de fotones entrelazados que se usan en experimentos de información cuántica.
En la desintegración radiactiva, el entrelazamiento emerge de la conservación de cantidades físicas. Cuando una partícula decae en dos, la conservación de espín, momento y energía exige que las partículas resultantes estén correlacionadas. El caso más estudiado históricamente es la desintegración de ciertas partículas en pares de fotones o electrones cuyos espines deben sumar cero — lo que significa que si uno apunta arriba, el otro apuntará abajo, sin importar la distancia que los separe.
El caso de la fotosíntesis es más reciente y más controvertido. En 2007, un equipo de Berkeley detectó señales de coherencia cuántica en el complejo proteico FMO — una molécula que transfiere energía lumínica en bacterias fotosintéticas. Las señales sugerían que la energía no viajaba por un único camino sino que exploraba múltiples rutas simultáneamente, como una onda, antes de llegar al centro de reacción. Experimentos posteriores encontraron patrones similares en plantas. La hipótesis es que ese comportamiento cuántico — que incluiría entrelazamiento entre moléculas del complejo — podría explicar la eficiencia extraordinaria de la fotosíntesis, muy superior a lo que los modelos clásicos predicen. Sin embargo, el debate sigue abierto: hay investigadores que argumentan que las señales observadas son artefactos de la técnica experimental, y que la temperatura ambiente en sistemas biológicos destruiría la coherencia cuántica demasiado rápido para que fuera funcionalmente relevante. Es un área activa de investigación sin consenso establecido.
Como vemos no es una curiosidad de laboratorio. Es una propiedad ubicua de la física cuántica.
El experimento que lo verificó: Bell y Aspect
Durante décadas, Einstein y otros físicos argumentaron que el entrelazamiento podía explicarse de otra manera: quizás las partículas llevan consigo instrucciones ocultas — variables ocultas — que determinan desde el principio cuál será el resultado de cada medición. En ese caso, no habría nada misterioso: las correlaciones se explicarían porque las partículas fueron «programadas» al formarse, igual que dos guantes de un par — si sacas el izquierdo de una caja, sabes que el otro es el derecho sin que haya ninguna comunicación entre ellos.
En 1964, el físico John Bell demostró que esta hipótesis tiene consecuencias matemáticas verificables. Si las partículas llevan variables ocultas locales, las correlaciones entre sus mediciones no pueden superar cierto límite — las desigualdades de Bell. Si las correlaciones superan ese límite, las variables ocultas locales son imposibles.
En los años ochenta, Alain Aspect realizó los experimentos que pusieron esto a prueba. Las correlaciones entre fotones entrelazados superaban las desigualdades de Bell de manera sistemática y significativa. Las variables ocultas locales estaban descartadas.
En 2022, los experimentos de Alain Aspect, John Clauser y Anton Zeilinger — que habían desarrollado y refinado estas pruebas durante décadas — fueron reconocidos con el Premio Nobel de Física. La comunidad científica consideró que el veredicto era definitivo: el entrelazamiento cuántico es real y no puede explicarse mediante variables ocultas locales.
Lo que el entrelazamiento no implica
Antes de explorar lo que sí implica, conviene aclarar lo que no implica — porque el entrelazamiento es uno de los fenómenos más malinterpretados de la física.
No permite comunicación instantánea. Aunque la correlación entre partículas entrelazadas ocurre instantáneamente, no puede usarse para enviar información más rápido que la luz. Cuando se mide el primer fotón, el resultado es aleatorio — no se puede controlar qué valor sale. El segundo fotón queda correlacionado con ese resultado, pero para saber cuál es la correlación hay que comparar los resultados de ambas mediciones, lo que requiere comunicación clásica a velocidad igual o menor que la de la luz.
No implica influencia causal. La correlación no significa que una partícula «cause» el estado de la otra. No hay ningún proceso causal que viaje entre ellas. Lo que hay es no-separabilidad: el sistema conjunto tiene propiedades que sus partes no tienen por separado.
No confirma ninguna interpretación filosófica específica. El entrelazamiento es compatible con múltiples interpretaciones de la mecánica cuántica. No demuestra que la consciencia crea la realidad, ni que el universo sea una red de mentes interconectadas, ni ninguna otra afirmación de ese tipo. Lo que demuestra es más sobrio y más profundo: que la descripción local de partículas individuales con propiedades definidas es insuficiente para dar cuenta de la realidad cuántica.
Lo que el entrelazamiento sí implica
Lo que el entrelazamiento sí implica — y esto está respaldado por los experimentos — es algo que tiene consecuencias profundas para cualquier imagen de la realidad.
Las propiedades no preexisten. Las partículas entrelazadas no tienen valores definidos para sus propiedades antes de ser medidas. No es que no sepamos cuál es el valor — es que el valor no existe hasta que se realiza la medición. Esto no es una interpretación filosófica: es lo que los experimentos de Bell confirman de manera forzada. Este aspecto ya estaba confirmado por la física cuántica y millones de experimentos en los que no hay entrelazamiento.
La separabilidad local falla. El sistema formado por dos partículas entrelazadas no puede describirse como la combinación de dos sistemas independientes, cada uno con su propio estado. El estado es global, no local. Las propiedades del sistema conjunto no son la suma de las propiedades de sus partes.
La información es no-local. Lo que determina el resultado de una medición en una partícula entrelazada incluye el estado del sistema conjunto — que se extiende potencialmente a cualquier distancia. La información relevante no está localizada en la partícula individual sino en las correlaciones entre los elementos del sistema.
La no-localidad: lo que los experimentos han verificado
El resultado más importante del entrelazamiento no es la correlación en sí — es lo que implica sobre la estructura del espacio y la localidad.
Los experimentos de Bell y sus sucesores no solo muestran que las partículas entrelazadas están correlacionadas. Muestran que esas correlaciones son más fuertes de lo que cualquier explicación basada en propiedades locales puede producir. No hay ningún modelo en el que cada partícula lleve consigo información suficiente para explicar los resultados — por elaborado que sea ese modelo, por muchas variables ocultas que introduzca, si esas variables son locales, las correlaciones no pueden alcanzar los valores que los experimentos miden.
Esto tiene una consecuencia directa: la no-localidad no es una interpretación filosófica del entrelazamiento. Es una consecuencia lógica de los experimentos. El universo cuántico no puede describirse como una colección de objetos locales con propiedades definidas que interactúan solo con su entorno inmediato. Algo en la estructura de la realidad conecta sistemas separados espacialmente de una manera que ningún mecanismo local puede explicar.
Y esa conexión no respeta las limitaciones de la velocidad de la luz. Las correlaciones son instantáneas — no en el sentido de que viaje alguna señal más rápido que la luz, sino en el sentido de que no viaja nada en absoluto. No hay propagación. No hay distancia que recorrer. El sistema conjunto simplemente tiene un estado que sus partes no tienen por separado, y ese estado no está localizado en ningún punto del espacio.
Lo que la física ha verificado experimentalmente, con una precisión que ha merecido el Nobel de Física en 2022, es que la localidad — la idea de que lo que ocurre aquí solo puede ser afectado por lo que ocurre en el entorno inmediato — no es una propiedad fundamental de la realidad cuántica.
Lo que la no-localidad sugiere — una interpretación
Aquí conviene ser explícitos sobre el cambio de registro. Lo que sigue no es lo que el entrelazamiento demuestra. Es lo que sugiere cuando se lo mira desde el marco del modelo informacional — una interpretación coherente con los hechos, pero que va más allá de lo que la física puede afirmar por sí sola.
Si las propiedades de las partículas no están determinadas localmente — si el estado que determina el comportamiento de un sistema cuántico no reside en las partículas individuales sino en algo que las trasciende — entonces ese «algo» no está sujeto a las limitaciones del espacio. No tiene posición. No está aquí ni allí. No necesita tiempo para conectar lo que está separado espacialmente.
El modelo informacional propone que ese nivel más profundo existe: el dominio de estructuras relacionales atemporales del que los planos informacionales — incluyendo nuestro universo — son realizaciones concretas. En ese dominio no hay espacio ni tiempo porque el espacio y el tiempo son propiedades que emergen dentro de los planos, no condiciones previas del dominio.
El entrelazamiento, leído desde este marco, no es un fenómeno misterioso que viola las reglas del universo. Es la huella visible, dentro del plano, de que la realidad tiene un nivel más profundo que no está sujeto a las reglas espaciales y temporales del plano. Las partículas entrelazadas se comportan como si estuvieran conectadas porque, en ese nivel más profundo, la separación espacial entre ellas no es fundamental — es una propiedad del nivel en el que las observamos, no del nivel en el que su correlación está inscrita.
Esta interpretación no está demostrada. Pero tampoco está contradicha por ningún resultado experimental conocido. Y conecta de manera natural con lo que Bohm llamó el orden implicado — un nivel de realidad más profundo del que lo observable es proyección — y con lo que Wheeler señalaba al proponer que la información es más fundamental que el espacio-tiempo.
Lo que el entrelazamiento dice, como mínimo, es que la imagen de un universo hecho de objetos locales separados e independientes es incorrecta. Lo que podría estar diciendo, si el modelo informacional tiene razón, es algo más profundo: que debajo del espacio y del tiempo hay una estructura de relaciones que no está sujeta a sus limitaciones, y que el entrelazamiento es su huella más visible en el mundo que habitamos.estructuralmente global — es compatible con lo que la física más precisa que tenemos ha verificado experimentalmente.
Para explorar en más detalle qué implica el resultado de Bell para cualquier descripción posible de la realidad, incluyendo sus consecuencias para el modelo informacional, ver el artículo: Desigualdad de Bell.